" Aquél sillón acogedor "
Habían pasado años, quizás siglos, desde la última vez que sus almas se cruzaron. Aunque los cuerpos cambian, los corazones que han latido juntos una y otra vez tienen una forma muy peculiar de encontrarse, incluso en medio del caos del mundo moderno. Esta historia comienza con un viaje, pero no cualquier viaje: uno que parecía casual, turístico, casi improvisado. Pero en el fondo, el universo tejía con hilos invisibles el reencuentro de dos almas antiguas.
Ella, decidió emprender un viaje, ( que aunque viajaba con dos almas más ), era un viaje sola en un recorrido por Europa. Venía de una vida que la había puesto a prueba. Había amado, había caído, y se había reconstruido con una fuerza silenciosa, como esas flores que brotan en las grietas del concreto. Cargaba con memorias que aún dolían, pero también con una voluntad serena de encontrar algo más. No sabía exactamente qué… hasta que llegó a Berlín.
Él, llevaba tiempo viajando ( pues su trabajo lo ameritaba), buscando respuestas a preguntas que no sabía formular. A veces creía haberlas encontrado en paisajes, otras veces en personas, pero nunca permanecían. Siempre sentía que algo faltaba, como si en cada ciudad buscara un reflejo perdido.

Ambos se hospedaron en el mismo hotel, uno pequeño y discreto, lleno de historia en cada rincón. Y en el centro del lobby, como si el tiempo lo hubiera colocado ahí con propósito, había un sillón no tan antiguo, de terciopelo azul o verde, con el respaldo ligeramente ladeado. Parecía haber visto más vidas que muchas personas. Era aquel sillón de Berlín.
No fue un encuentro cinematográfico. No hubo música de fondo ni luces dramáticas. Solo una tarde tranquila, de frío y con un poco de aire. _Ambos llegaban al hotel con un grupo de personas, cada quien por su lado y en su tiempo, pero al llegar al lobby estaba aquel sillón, aunque amplio, parecía invitar solo a dos personas._ Y ellos, sin saber por qué, sin preguntarse siquiera, se sentaron juntos.
Las primeras palabras fueron casuales, pero sus miradas traían una familiaridad que el tiempo no podía explicar. Hablaban con fluidez, como si no se contaran cosas nuevas, sino que se recordaran viejas historias.
- ¿ Qué sabes sobre las vidas pasadas ?, ¿ Conoces esos temas ? Dijo ella…
- El con una sonrisa, contestaba cada pregunta que ella le hacía…
El tiempo pasaba, y el sillón se volvió un santuario silencioso donde los relojes no importaron.

Con los días viajaron a otro sitio, Polonia, en el cual compartieron algunos momentos en este plano y, una noche más se volvieron a sentar, pero ahora en un par de sillas color gris Oxford. Fue ahí donde recordaban poco a poco, No con la mente, sino con el corazón.
Retazos de vidas pasadas comenzaron a aparecer entre sus palabras: Caminando juntos por algún sitio, ella tomada del brazo de él, disfrutando de un momento inolvidable, que hasta en esta vida se logra entre sueños, recordar. También un momento juntos teniendo una actividad, donde en la cercanía se podía mirar a través de una ventana, aquellas mesas con un tono muy peculiar, También recordaron cuando, en otro plano, en el astral, sus almas se abrazaban en la inmensidad sin forma del universo, más allá del cuerpo, del lenguaje o del miedo.
Ella, en su interior, comenzó a sentir algo distinto. No era la emoción del enamoramiento, sino una paz profunda. Como si, por primera vez, alguien no quería salvarla, ni cambiarla, solo verla… realmente verla. El no buscaba respuestas en ella, solo presencia. Y ella, una vez, se sintió suficiente y en paz, en su lugar seguro.

Él le habló del plano astral, de cómo los encuentros físicos solo son reflejos de pactos antiguos. Ella lo escuchaba con el corazón abierto, y algo en su alma asentía. Porque a pesar de las cicatrices que la vida le había dejado, sentía que ese momento no era para sanar el pasado, sino para elegir el futuro.
- Siento que nos conocemos de vidas pasadas o que hemos estado juntos en este sitio, dijo ella.
- El asentaba con la cabeza confirmando lo comentado.
Aquel sillón de Berlín, aquellas sillas grises, las calles que caminaron, los sitios donde estuvieron, fueron el escenario de un reencuentro milenario, un instante suspendido donde el alma reconoció al alma. No hubo promesas ni planes. Solo un acuerdo silencioso: continuar escribiendo su historia, esta vez con conciencia.
*Ella sabía que su camino aún era largo. Que tendría que seguir eligiendo entre el miedo y La Paz.* Pero también sabía que cada decisión tomada con amor, la llevaría a su verdadero hogar.

El desenlace de esta historia aún no está escrito. Porque lo que ocurrió en ese sillón fue solo el prólogo de una vida rica en memorias nuevas, de momentos que aún no han sido vividos, de silencios que aún no han sido compartidos.
Y así, entre vidas, viajes, planos y realidades, dos almas siguen encontrándose, porque cuando el amor es real, ni el tiempo ni el espacio son barreras, solo escenarios.
